La fotografía que me devuelve a ese día. Comunión en familia.

Hay una fotografía de mi comunión a la que vuelvo de vez en cuando.

Estoy junto a mi padre.

Él era aficionado a la fotografía y, para poder aparecer también en aquella imagen, había preparado la cámara con temporizador. Había que colocarla, calcular más o menos el encuadre, poner el tiempo y llegar hasta el sitio antes de que disparara.

En la fotografía yo no estoy mirando a la cámara… Le estoy mirando a él.

Han pasado muchos años desde entonces y, sin embargo, cuando vuelvo a esa imagen, ocurre algo que todavía me sorprende. No veo solamente cómo éramos. Vuelvo un poco allí, a esa habitación, a ese instante.

Hay fotografías a las que volvemos de otra manera.

No sé si a todo el mundo le ocurre igual. A mí sí. Cuando miro aquella fotografía, aparecen cosas que ni siquiera están dentro del encuadre.

La sala. Algunos sonidos. Olores. La espera. El gesto de mi padre preparando la cámara y ese pequeño intervalo entre poner en marcha el temporizador y colocarse a mi lado.

La fotografía no contiene literalmente todo eso y sin embargo, de alguna manera me lo devuelve, lo revivo, lo recuerdo tan nítido que estoy allí . Supongo que por eso hay imágenes que con los años empiezan a tener un valor diferente al que tenían cuando fueron hechas.

Entonces era una fotografía de mi comunión con mi padre. Hoy guarda mucho más y eso que guarda es casi indescriptible…es una emoción tan fuerte, tan real que pone los pelos de punta , pone una sonrisa en mi boca y llena mis ojos de aguita de la buena.

Aquella fotografía de mi comunión guarda mucho más que aquel día.

La comunión es el contexto de la imagen, claro.

Pero cuando la miro ahora no pienso primero en la ceremonia, en el vestido, en los regalos o en otras cosas que ocurrieron aquel día…..

Pienso en él, en nuestra relación, en quién era yo entonces, qué sentía, cuáles eran mis anhelos…. pienso en esa manera de mirarle que quedó allí sin que nadie la preparara.

Quizá esa sea una de las cosas que más me interesan de la fotografía: que a veces aquello que acaba teniendo más valor con el paso del tiempo no era necesariamente lo que parecía más importante en el momento de hacerla.

Una expresión, una mano, una forma de compartir, de estar juntos. De las personas que teníamos al lado. Cosas pequeñas que, años después, pueden adquirir otro significado.

Lo que aquella imagen me enseñó sobre fotografiar una comunión

Evidentemente, aquella niña no estaba pensando en fotografía, memoria ni en cómo acabaría trabajando yo muchos años después. Eso lo he entendido con el tiempo.

Hoy, cuando tengo delante a una niña, un niño o una familia, no me interesa únicamente conseguir una colección de fotografías bonitas. Me importa mucho mas observar cómo son, cómo se relacionan, a quién buscan con la mirada, cómo ríen, abrazan… Qué ocurre cuando dejan de pensar por un momento en que hay una cámara delante.

Me interesa lo que pasa entre las personas porque sé, por mi propia experiencia, que una fotografía puede terminar conservando detalles que en aquel instante ni siquiera sabíamos que estábamos guardando.

El vestido, el traje, el lugar o la escenografía forman parte de la imagen. Pero para mí están al servicio de algo mucho más importante: las personas que aparecen dentro de ella.

Fotos de comunión en familia: quien estaba allí también forma parte del recuerdo

Cuando hablamos de fotos de comunión en familia, la criatura sigue siendo protagonista, pero su historia no sucede aislada, sucede rodeada de personas.

Una mirada hacia su ama o su aita. Una broma entre hermanas o hermanos. Una mano que aparece casi sin querer. Una forma concreta de abrazarse. La manera en la que una familia se coloca junta cuando deja de estar pendiente de cómo debería salir en la fotografía.

No puedo saber qué imagen será importante para una familia dentro de veinte o treinta años, pero me empeño en prestar atención infinita ahora, a los vínculos, gestos, lo que ocurre mientras hacemos las fotografías que, aparentemente, hemos venido a hacer.

Y quizá por eso aquella imagen con mi padre sigue siendo tan importante para mí. Porque no conserva solamente cómo éramos , conserva algo de cómo estábamos juntos.

Cómo quiero fotografiar hoy esos recuerdos.

Mi manera de trabajar parte mucho de observar.

Acompañar cuando hace falta. Dirigir cuando una fotografía lo necesita. Y saber también cuándo apartarme para que algo ocurra sin intervenir.

Hay, por supuesto, una parte muy consciente de oficio.

Me gusta trabajar con la luz real, observar cómo entra en un espacio, cómo cae sobre un rostro o cómo puede transformar una escena aparentemente sencilla. Siempre he sentido una atracción especial por los claroscuros, por esa luz que dibuja sin necesidad de llenarlo todo, y por una composición cuidada que ayude a dirigir la mirada.

Pero la técnica, para mí, tiene que estar al servicio de la fotografía y de las personas. Nunca al revés.

No quiero que una niña o un niño desaparezca dentro de un decorado, una pose o una imagen técnicamente perfecta. Elijo poder reconocerle, y reconocer también algo de las personas que estuvieron cerca.

Quizá por eso sigo volviendo a aquella fotografía.

Mi padre colocó una cámara, puso un temporizador y se puso a mi lado. Y tantos años después, al mirarla, todavía puedo regresar a esa sala.

¿Eres una de esas personas que busca guardar estos instantes así? Escríbeme.